La agonía de Atenea
Tengo la suerte de tener muchos amigos y por ende muchas y buenas charlas. Uno me ha pasado una frase, creo que de Exupéry: "El hombre vive más de lo que se le niega que de lo que se le proporciona". Me ha parecido brillante y arranco por acá. No he podido constatar el origen porque quien me la comentó tiene un mellizo idéntico y no sé con cuál tuve la charla, lo que me da vergüenza.
La frase no tiene que ver tanto con un problema de esfuerzo, no hablo solamente de la privación como potenciador sino de un sentido del valor que viene de la escasez. La experiencia de los hijos hace esto sumamente patente: lo accesible no se valora.
He oído muchas veces en educación la mención de esta muletilla, que habría que trabajar más en habilidades que en conocimientos porque el conocimiento es accesible en cualquier momento y de forma inmediata. Esto ya se predicaba cuando sólo había internet, imagínense ahora que existen los modelos de lenguaje. Tal pensamiento refleja la pendularidad boba que nos llevaba de la escuela memorística a una más "moderna".
Primero hay que ver la falacia que está implícita, porque para afilar el cuchillo hay que hacerlo contra algo. ¿Cómo es eso de entrenar habilidades y que no quede a cambio conocimiento y experiencias? Todavía no lo entiendo.
Lo que sí es notable es cómo se perdió el memorizar una poesía, aprenderse fechas y acontecimientos importantes, quién hizo tal cosa y por qué. De pronto el acervo cultural se convirtió en un mal uso de la memoria disponible. Una fecha, un acontecimiento y un personaje bien aprendidos son un anclaje más que hace que la información nueva quede enredada y no pase de largo, aprieta la red haciéndose causa y efecto de nuevos conocimientos.
En La agonía del Eros, el lúcido Byung-Chul Han nos propone una forma de entender parte del problema. La disponibilidad permanente y transparente de "lo otro", de "lo desconocido", nos quita tensión hacia eso. Así como lo pornográfico quita el velo y hace que la dirección del deseo sea onanista y no una entrega al otro, también podemos afirmar, siguiendo al filósofo, que la disponibilidad permanente de la información convertida en resumen y en datos, es decir ya desnuda, entregada, extraída de su narrativa y su misterio, diluye la tensión y el deseo profundo de conocer y descubrir, convirtiéndose en una mercancía que repele cualquier tipo de enamoramiento real más allá del instante de consumo.
La factibilidad de acceder al conocimiento en cualquier momento también se convierte en excusa para aplazarlo, así como la variedad infinita ocasiona parálisis. El domingo aburrido revisando los libros de la biblioteca familiar es una escena extraña para toda una generación. El alquiler o préstamo de un libro en la biblioteca de la facultad de humanidades constituía un plazo y una oportunidad.
Es la relación amorosa y erótica con el conocimiento lo que pierde esta época. Educar sólo para trabajar es criar eunucos.
Porque —ya lo hemos dicho— el diferencial no es solamente lo que tenemos en la cabeza sino también en el corazón. El amor nos hace una sola cosa con el amado y es capaz de renovarnos en el ser. El problema educativo no es sólo una "disfunción" cognitiva: es la falta de esos furores geniales que caracterizaron al hombre en la búsqueda de la Verdad y la Belleza. ¿Quién escribirá la próxima novela de romanos?
La cultura nos hace más bellos y más fuertes, no sólo para los demás, que sería lo de menos, sino también ante nosotros mismos. Nos da abolengo y nos constituye en príncipes y herederos de un reino y una civilización. Como un seductor que se reconoce a sí mismo, aparecen frente al conocimiento la seguridad y con ella las posibilidades. Conquista tras conquista, conocer las mañas y giros de ese baile con el conocimiento despierta nuevamente ese deseo por lo "otro que no es mío" en un mundo sin adulterios, porque Atenea es una sola.